Francisco Álvarez Velasco (Cimanes del Tejar —León—, 1958), licenciado en Filosofía y Letras por la Universidad Complutense de Madrid, ejerció como catedrático de Literatura durante veinticinco años en el Real Instituto Jovellanos de Gijón, ciudad donde reside. Durante un año codirigió en Radio Kras el programa de poesía «Varias noches el aire». Es creador y editor de la página web http://www.portaldepoesia.com/, uno de los referentes imprescindibles del género lírico en Internet. Es colaborador y delegado para España de la revista italiana Il Convivio (Trimestrale di Poesia e Cultura).
Ha publicado los siguientes libros de poemas: Tiempo de maldición (1979); En el nombre del árbol (en el colectivo Libro del bosque) (1984); Tierra (en el colectivo Tetragonía) (1986); Del viejísimo jugo de la tierra (1988); La hiedra del silencio (1993); y Noche (2005), por el que obtuvo el Premio Internacional de Poesía «Antonio Machado en Baeza» y acaba de recibir también el Premio de la Crítica que concede la Asociación de Escritores de Asturias. Su obra ha sido incluida en antologías como Homenaje a El Salvador (1981), Trece poetas. Asturias 1972-1985 (1986), Muestra corregida y aumentada de la poesía en Asturias (1989), Poesía Española Contemporánea (1993), Escritores asturianos con Bosnia-Herzegovina (1993), Escrituras del aula (1994) o La calle de los doradores (1996). Sus poemas han sido traducidos al portugués, francés, italiano, holandés. Ha colaborado con reseñas y críticas literarias en diversas publicaciones, y es columnista del diario El Comercio.
En su poesía, se ponen en tensión los sentidos tanto ante el mundo interior como ante el exterior, porque —como él mismo indica— «dentro y fuera del que escribe bulle incontenible une realidad multiforme y cambiante» que el poeta trata de captar y «llevar a su código particular». En su último libro, Noche (Madrid, Hiperión, 2005) construido a modo de glosa libre y sostenida de una balada inicial, se manifiesta con mayor nitidez y estatura que nunca su condición de poeta de la naturaleza y del amor, pero también de la dolorosa conciencia de la fugacidad del tiempo. Todo ello formulado con el lenguaje parsimonioso y vibrante característico del autor.
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